Lo sabías? La primer tragedia aérea de Salta

El 17 de octubre de 1925, en inmediaciones de lo que hoy sería el Hospital materno Infantil o los cuarteles del ejército
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El 17 de octubre de 1825 marca en el calendario de Salta un accidente que cobró los primeros mártires de la aviación. La noticia conmocionó a toda la población  en razón que en esa oportunidad perecieron el ingeniero Emilio Domingo Sylvester y el suboficial Pascual Valleros.

Algunos memoriosos, pese a los años transcurridos, describen con profundo pesar, sobre la primera catástrofe aérea ocurrida en la media tarde  de aquel desdichado  día,  cuando los vecinos observaban azorados  el surcar por el cielo de la aeronave bautizada como General Alvarado” haciendo arriesgadas piruetas. De pronto, desde el fondo de la calle Río Bamba (hoy Alsina) se anunció con dolorosos clamores: “¡Ha caído el aeroplano!”

Desde distintos puntos confines de la ciudad todos los moradores se desplazaban resueltamente en dirección al noroeste, hacia los cuarteles –precisamente en las adyacencias donde hoy se levanta el “Nuevo Hospital del Milagro”- , por donde había desaparecido el avión y, en medio de los zanjones,  descubrieron totalmente desintegrado el aparato; entre el barro, alto pastizal, piedras y de difícil ingreso hasta el lugar. Los que llegaron hasta allí luego de presenciar el escenario del hecho retornaron con sus semblantes transformados por la impresión  ocasionada.

El piloto Vallero minutos después de estrellarse el aeroplano a tierra fue rescatado por  autoridades militares y  soldados para ser trasladado a la Asistencia Pública; mientras que al ingeniero Sylvester al Hospital del Milagro, donde ambos fallecieron momentos después.

El desconsuelo fue innegablemente colectivo. Los restos fueron velados en la casa de la familia Sylvester y posteriormente fueron trasladados en sendas carrozas hasta el cementerio de la Santa Cruz. Más de dos mil personas acompañaron el sepelio para la inhumación de los cadáveres. Una revelación de consternación en pocas ocasiones verificadas en Salta.

En representación del doctor Joaquín Corbalán, en aquel entonces gobernador de la Provincia, despidió en el cementerio los restos de las desdichadas víctimas el ministro de Gobierno, doctor Ernesto Miguel Aráoz, quien entre otras cosas dijo: “El destino han tronchado en ambos casos el ideal vigoroso de una juventud intrépida y renovadora. Las alas del Ícaro se han fundido de repente ante la vista de nosotros, como si el Hado de la montaña secular que guarda este rincón de la Patria el secreto de los conquistadores y de los grandes guerrilleros de América se hubiera revelado  contra el potente ruido monocorde del avión, que hendido en el espacio circundante había osado turbar la apacible serenidad milenarias de sus cumbres”.

 “Y fue así –agregó el orador – como ha pasado ante los ojos atónitos de esta sociedad de Salta la visión pavorosa de una tragedia que torna en lumbre de gloria lo que momentos antes era el espíritu inquebrantable fe de porvenir y viril confianza en la eficacia de una noble aspiración humana”.

Mas adelante decía el ministro de Gobierno, doctor Ernesto Aráoz: “Desaparece con el ingeniero Emilio Sylvester uno de los intelectuales más preciados de su generación, y junto con él la simpática figura del aviador Pascual Vallero, valeroso soldado de la Patria. El pueblo de Salta a través de sus largos y variados destinos custodiará siempre con amor y respeto la tumba de los primeros mártires de la aviación”.

Por Andrés Mendieta - Portal de Salta

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