Esteco, leyenda y misterio

Esteco fue una ciudad erigida en Salta por los conquistadores españoles (1566)

La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus magníficos edificios resplandecían revestidos de oro y plata.

Los habitantes de Esteco estaban orgullosos de su ciudad y de la riqueza que habían acumulado. Usaban un lujo desmedido y en todo revelaban ostentación y derroche. Eran soberbios y petulantes. Si se les caía un objeto cualquiera, aunque fuese un pañuelo o un sombrero, y aun dinero, no se inclinaban siquiera para mirarlos, mucho menos para levantarlos. Sólo vivían para la vanidad, la holganza y el placer. Eran, además, mezquinos e insolentes con los pobres, y despiadados con los esclavos.

La leyenda

Un día un viejo misionero entró en la ciudad para redimirla. Pidió limosna de puerta en puerta y nadie lo socorrió. Sólo una mujer muy pobre que vivía en las afueras de la ciudad con un hijo pequeño, mató la única gallinita que tenía para dar de comer al peregrino.

El misionero predicó desde el púlpito la necesidad de volver a las costumbres sencillas y puras, de practicar la caridad, de ser humildes y generosos, y todo el mundo hizo burlas de tales pretensiones. Predijo, entonces, que si la población no daba pruebas de enmienda, la ciudad sería destruida por un terremoto. La mofa fue general y la palabra terremoto se mezcló a los chistes más atrevidos. Pedían, por ej., en las tiendas, cintas de color terremoto.

El misionero se presento en la casa de la mujer pobre y le ordenó que en la madrugada de ese día saliera de la ciudad con su hijito en brazos. Le anunció que la ciudad se perdería, que ella sería salvada por su caridad, pero que debía acatar una condición: no volver la cabeza para mirar hacia atrás aunque le pareciera que se perdía el mundo; si no lograba dominarse, también le alcanzaría un castigo.

La mujer obedeció al misionero. A la madrugada salió con su hijito en brazos. Un trueno ensordecedor anunció la catástrofe. La tierra se estremeció en un pavoroso terremoto, se abrieron grietas inmensas y lenguas de fuego brotaban por todas partes. La ciudad y sus gentes se hundieron en esos abismos ardientes. La mujer caritativa marchó un rato oyendo a sus espaldas el fragor del terremoto y los lamentos de las gentes, pero no pudo más y volvió la cabeza, aterrada y curiosa. En el acto se transformó en una mole de piedra que conserva la forma de una mujer que lleva un niño en brazos. Los campesinos la ven a distancia, y la reconocen; dicen que cada año da un paso hacia la ciudad de Salta.

(Del libro: Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Selección e Berta E. Vidal de Battini. Bs.As., Consejo Nacional de Educación, 1960.)

Hoy en día, vagos indicios recuerdan, en el campo asolado, el asiento de la opulenta ciudad de Esteco tragada por la tierra en castigo de sus soberbios habitantes. Difícil es descubrir bajo los escombros, aquella esplendorosa y opulenta ciudad, como las piedras del molino, o tal vez borradas acequias o algún que otro ladrillo diseminado por el lugar. Añosos árboles han invadido aquel lugar para ser olvidado para siempre. 

UBICACIÓN

La primitiva ciudad de Esteco estuvo situada en la margen izquierda del río Pasaje, ocho leguas al sur de El Quebrachal, en el departamento de Anta, Salta. Cuando Alonso de Rivera en 1609 fundó la ciudad de Talavera de Madrid, los antiguos pobladores de Esteco - que en parte vivían en la población próxima que la reemplazó, Nueva Madrid de las Juntas - vinieron a ella y comenzaron a llamarla la Esteco Nueva, nombre que se impuso sobre el oficial. Pronto se enriqueció por ser un centro de intenso comercio. Según el famoso padre Bárzana. El P. Techo dice que fue destruida por un gran terremoto en 1692. Sobrevive su nombre en un topónimo, la Estación de Esteco, en la comarca en que existió la ciudad antigua.

La leyenda popular mantiene vivo, al cabo de siglos, el recuerdo de la ciudad de Esteco, una, entre otras, de las ciudades fundadas por los españoles que por causas diversas desaparecieron en la época de la colonización.

LOS MITOS DE ESTECO

A medida que han transcurrido los siglos, la imaginación popular norteña añadió a cada ladrillo de adobe de Esteco una intencionalidad mítica, a cada recodo y cada palabra pronunciada una intencionalidad diabólica, unas cuantas maldiciones y una rebanada de misterio.

Vale decir, los mitos producidos por la imaginería popular alrededor de Esteco son incontables, aunque la documentación de su existencia histórica no parece coincidir exactamente con ellos, describiendo el derrotero de una comunidad castigada por calamidades naturales.

El punto de partida de todos los mitos parece haber sido su destrucción por un terremoto el 13 de septiembre de 1692, mientras la ciudad de Salta se habría salvado milagrosamente gracias a la invocación de la Virgen María, en su concepción de Nuestra Señora del Milagro, y al sacar en procesión al "Cristo del Milagro" que había yacido un siglo olvidado.

La imaginación popular ha trastocado el fundamento histórico, cambiando el sentido pretérito por uno nuevo de signo negativo, como enuncia la copla popular salteña que reza: "No sigas ese camino / no seas orgulloso y terco / no te vaya a suceder / como a la ciudad de Esteco"; o quizá esa otra que afirma: "Salta saltará / Tucumán florecerá / Esteco perecerá".

Ese mismo sentido que hacía decir a Emilio Morales –quien trató de desenterrar los restos de Esteco a principios de siglo– que se podían encontrar peones para cualquier clase de trabajo menos para ese, porque la leyenda corriente hacía creer al pueblo inculto que cuantos removieran las ruinas de Esteco serían perseguidos por la ánimas en pena, que se vengarían de ellos provocando su desgracia.

Solo cabe enunciar los principales mitos tejidos alrededor de Esteco, haciendo la salvedad de que algunos de ellos (muy pocos) tienen un reflejo documental, aunque muchas veces las calamidades naturales realmente acaecidas no justifican su equiparación a catástrofes bíblicas.

Mito de las plagas de Egipto: el obispo fray Melchor Maldonado y Saavedra parece haber sido el precursor de la caracterización de que Esteco era objeto de la ira divina, al atribuir en 1636 a culpas humanas las catástrofes naturales que azotaban el lugar. En un remedo de las plagas de Egipto, afirmaba: "bien muestra Dios el enojo que tiene con esta ciudad y en sus castigos la gravedad de las culpas: peste continua, sapos, culebras, tigres, un monte toda la ciudad y los mayores temblores que yo he visto en las Indias". Hacia 1654, encontraba a la villa sujeta a supuestas prácticas de hechicería y maleficios, por obra de un negro que tendría por cómplices a curas y vecinos principales. El obispo promovió una querella contra las autoridades del poblado, pero no logró probar sus acusaciones ante la Audiencia de Charcas.

Mito de su riqueza fabulosa: opulencia alcanzada por la villa de Esteco, la que en corto lapso habría aventajado a las otras ciudades del Tucumán, debido a la fertilidad de su suelo y a la explotación a que fueron sometidos los indios que le estaban encomendados. Se la llamó "Reina de los Chacos", y se dijo que sus riquezas provenían de yacimientos secretos. Se habló de culto a la riqueza; y de abundancia y riqueza, unida a la vanidad de sus habitantes.

Mito del castigo divino (Sodoma americana): se habló de los excesos pecaminosos de la villa, su vida disipada, los vicios y placeres que habrían provocado la ira divina concretada con el cataclismo de 1692. También se la llamó "ciudad de la lujuria".

Mito de la mujer de piedra: No faltó tampoco a esta moderna "Sodoma", la mujer de piedra (resabio de la mujer de Lot bíblica) que vuelve a aparecerse en tiempos actuales a vecinos de Metán o de Cachi, mientras cada año registra su avance, lento aunque inexorable hacia su destino, la ciudad de Salta. Y a su llegada se producirá el fin del mundo.

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