"Códigos de Honor: Belgraniano, Sanmartiniano y Güemesiano."

Por Virginia Pastrana. Directora Civil Museo Histórico R C Expl 5 “Grl Güemes”. PUBLICADO EN EL BOLETIN NRO 36 DEL Instituto Guemesiano de Salta.


“La milicia es una religión de hombres honrados y con honor”.
El jefe militar es quien concibe y manda las acciones requeridas por el servicio. Debe poseer una capacidad integral: física, espiritual, intelectual y funcional. Sus cualidades elementales deben ser: sentido común, voluntad, objetividad, carácter, abnegación, energía, inteligencia, ecuanimidad, discreción, modestia y paciencia.
Ha de ser respetable para ser respetado, amar para ser amado, trabajar para ser imitado: ejemplo, mentor y guía.
Su pasión ha de ser su obra y su oficio.
No es sólo un censor y un vigilante sino un maestro, un padre y un amigo. Debe saber su profesión y saberla enseñar. Ha de preocuparle la opinión de sus superiores pero mucho más la de sus subordinados.
Las órdenes que imparta han de ser claras y precisas. No debe encolerizarse ya que ello supone falta de dominio de sí mismo. Tampoco precisa gritar. Debe ser bueno y no hacerse el bueno, porque ello implica deshonestidad. Ha de ser obedecido por imperio de la ley, la disciplina y su talento. No es preciso que tenga o se fabrique un mito o leyenda: debe ser autentico y confiar en su capacidad.
Mandar no es un privilegio, es un honor y una carga. Por ello todo jefe debe pensar que no ha dado nada mientras no lo haya dado todo.
El honor es la cualidad moral que nos lleva al más severo cumplimiento de nuestros deberes respecto de los demás y de nosotros mismos; es el sentimiento que impulsa a proceder de modo que merezcamos la estima de los hombres de bien y la aprobación de la propia conciencia, como nos dice los diccionarios castellanos.
“El oficial cuyo propio honor y espíritu no lo estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco para el servicio”. De las Reales Ordenanzas del Ejército Español de 1774.
La cualidad moral que es el honor, exige al hombre de armas cumplir el compromiso contraído con la nación, a la cual a jurado servir y que por ello le ha otorgado su confianza.
Este compromiso comprende objetivos muy claros:
- Honrar con su conducta a la institución militar.
- Ser para los subordinados un ejemplo en el cumplimiento del deber.
- Actuar en cuanto se relacione con sus compañeros de armas, con la nobleza que impone la bien entendida camaradería.
- Ser para los superiores un leal, consciente, franco, capacitado, sincero y decidido colaborador.
- Ser para sus conciudadanos ejemplo de vocación de servicio, de abnegación, desinterés y prudencia.
Los Códigos de Honor o sistema de honor son una serie de reglas, principios u ordenes que gobiernan una comunidad basadas en ideales que definen lo que constituye un comportamiento honorable frente a esa comunidad.
La violación de un Código de Honor puede ser objeto de sanciones o inclusive de expulsión de la comunidad o de la institución afectada.
Cuando el Grl Belgrano fue llamado a desempeñarse en la milicia, se dedicó a su estudio con entusiasmo y se preocupó de que participaran de los conocimientos que adquiría las gentes que se confiaran a su mando. Ante el bajísimo estado moral y disciplinario que se encontraba el Ejercito Auxiliador cuando tomó posesión de su mando, resolvió publicar un diario semanal al que llamó: “Diario Militar del Ejercito Auxiliador del Perú”. El cual tenía doble propósito: el de instruir a sus subordinados en especial a los oficiales en el arte de la guerra, y además hacer públicos, con el fin de levantar el espíritu de aquellos, los movimientos y victorias del Ejército de los Andes. En este diario sobre todo se hacía hincapié en difundir el ideal , las cualidades que debía tener un soldado y era de lectura obligatoria ante la tropa.
También implementó los reglamentos o estatutos interno y Libro de Órdenes en el cual se anotaba las del día y las disposiciones generales de comando y cuerpo. Estos reglamentos los tenían todas las Unidades del Ejercito de Belgrano. Su origen y principios se encuentran en las Ordenes Generales, impartidas por el Grl San Martín cuando comandó ese Ejército.
Existe en la actualidad en el Archivo General de la Nación una copia del Reglamento Interior del Batallón Nro 10 de Infantería, el cual con una fuerte y breve arenga moral como introducción, encabeza las veinticuatro órdenes con sus respectivas sanciones en caso de ser violadas.
Al igual que el Código de Honor que el Grl San Martín impusiera en el Regimiento de Granaderos a Caballo de catorce órdenes, en 1812 y lo ampliara en setiembre de 1816 en el Plumerillo para su Ejercito de los Andes, el Grl Güemes también implementó su propio Código, primero como ordenes sueltas a sus Divisiones de la Provincia sean de Línea o de gauchos y luego en 1820 a sus comandantes de las partidas corsarias condensó en catorce ordenes de índole estratégicas, tácticas, logísticas , de orden interno y morales.
Haciendo una comparación entre estas compilaciones de órdenes vemos que algunas de ellas se repiten en los tres códigos. Por ejemplo y en forma sintética mencionamos:
- No hablar mal de un superior, par o subalterno.
- Respetar al culto religioso, sus representantes, usos y costumbres propias del culto.
- No relacionarse con mujeres de mala vida.
- No embriagarse.
- No abandonar o no auxiliar a un camarada si la situación lo permitiera.
- El que finja dolencia o con otra excusa se declare inútil para el servicio.
- Tener comunicación o trato desleal con el enemigo.
- Vender vestuario, caballos o elementos de campaña.
- Contraer deudas o robar.
Siguiendo con esta comparación encontramos algunas órdenes que aplicaron Belgrano, Güemes y San Martín en forma específica y particular. Por ejemplo, el Grl Belgrano conocedor y respetuoso de las particularidades de los pueblos Altoperuanos ordenó:
- Uno de los medios mas aparentes para atraerse la voluntad de los Pueblos, es respetar sus usos y costumbres aunque parezcan ridículas, como no ofendan la sana moral, y será delito el que cualquiera oficial por chanza o por cualquier otro motivo quisiera ridiculizarlos, pública o privadamente, que merecerá corrección de arresto por primera, de confinación por segunda y de expulsión por tercera, en atención a que la odiosidad recae sobre toda la clase.
Por otra parte el Grl San Martín, conciente del poder femenino y de la ayuda incondicional que el sexo débil podía otorgar a su ejército ordenó:
- Por poner la mano a cualquier mujer, aunque haya sido insultado por ella. Recibirá como castigo pena de muerte.
En la compilación de ordenes que el Grl Güemes, por su parte, se destaca a la que hace alusión al trato con el enemigo que se pasa al Ejercito patriota, lo que indica un alto grado de grandeza y visión para enganchar al pasado a la causa patriota .
- Apoyarán a los pasados tratándolos con el mayor cariño y si alguno de éstos son de a caballo y se animasen a ir a llamar a sus compañeros para que se pasen , les darán buenos caballos, de modo que no vayan expuestos; y los mandarán, con otros de los nuestros a que los griten, debiendo luego de hecha esta operación, remitirme toda clase de pasados.
Otra orden a destacar que ensalza la humildad y el desinterés por el mando que debe poseer un soldado ordena:
- Siempre que se reúnan algunos corsarios a batir alguna fuerza enemiga, hará cabeza tomando el mando de todas el jefe de mayor graduación; y si se encontrasen de una misma graduación, tomara el mando el mas antiguo; y si hubiese algún tropiezo, por no poder en el acto averiguarse cual es el mas antiguo, o mandaran los dos en quienes hubiese la dificultad, con una unión tan grande que sea ejemplar, o se convendrán, amistosamente a mandar cualquiera de los dos, despreciando, como debemos despreciar toda ambición a mando, contrayéndonos solamente a no perder un solo momento de tiempo por etiqueta ninguna, y a ser útiles solamente al bien general.
El sentimiento de la camaradería y nobleza que nuestro Grl Güemes enseñaba a sus oficiales se ve reflejada en las siguientes órdenes:
- Si alguno de los jefes discurre un plan, ya sea para quitarle la caballada o ganados al enemigo, o para darle un golpe de mano o sorpresa, y necesita la fuerza de sus compañeros, llamará en su auxilio a los que necesite; y luego que estén juntos, discutirán en junta de guerra todos los jefes que se juntasen el plan discurrido; y la pluralidad de votos será la que siga, debiendo ejecutar los de menos votos el plan que decidan los que tengan más número de votos, sin que por esto haya jamás un motivo de resentimiento ni disensión.
-Si a alguno de los jefes se les acaban las municiones, piedras, caballos o ganado, lo pedirá a cualquiera de sus compañeros con franqueza, siendo todos obligados a no negar cuanto tengan y les pida alguno de sus compañeros, debiendo todos pedirme a mí cuanto necesiten.
Con respecto a la protección del ciudadano común, Güemes ordenaba:
- ...Retirar por donde anduvieren todas las familias y ganados a largas distancias y puntos de seguridad.
El Código de honor güemesiano, se diferencia aún más de los aplicados por los Grls. Belgrano y San Martín por el carácter de órdenes de índole estratégicas como la siguiente:
-Todo jefe corsario antes de salir a corso, nombrará dos partidas pequeñas de bomberos, eligiendo los mejores soldados , a cargo de oficiales o sargentos los más honrados y vaquéanos. Estos no serán ocupados en otro servicio alguno, y a cada uno de ellos se le dará una papeleta de las que acompaño con mi firma para que no se confundan los bomberos nuestros con los del enemigo. Los comandantes de las partidas de bomberos, al ¡quien vive! De noche o de día, cuando se encuentren, responderán, desde el día 7 hasta el 20, las palabras que van suscriptas en la copia nº 2, debiendo darse a cada comandante de bomberos las letras que deben contestar al ¡quien vive! Los comandantes de corso, y son las que acompaño en la copia nº3 para que si de noche se encuentra la partida de bomberos de un corsario con otro corsario de otra división, no se confundan, teniendo el mayor cuidado los jefes de encargar toda reserva de las señas dichas, a los comandantes de bomberos; debiendo éstos guardarlas de modo que no se pierdan, y si son tomados prisioneros, no se las encuentren; sin embargo, si alguno de los comandantes de bomberos es tomado prisionero , en el momento su jefe dará aviso a todos los demás jefes corsarios y a mi para mudar señas, no valiendo de nada todas las que antes hubieron. No obstante que la seña venga bien al ¡quien vive!, cuando se encuentren las partidas de bomberos , o los corsarios de noche, el que primero de el ¡quien vive!,luego que le conteste el otro, deberá mandar que haga alto la comitiva y que avance el comandante de la partida, el que será reconocido. Tendrán de obligación las partidas de bomberos, el darse aviso unas a otras de cualquier movimiento que haga el enemigo; para lo que se les encargará a los comandantes de éstas, que siempre que puedan avisarse unos con otros el punto donde van a situarse, lo hagan; y si los bomberos del corsario tal ven que se dirige el enemigo hacia donde está acampado el corsario cual, inmediatamente mandará a darle aviso, porque puede ser muy bien que los bomberos del corsario tal no hayan visto el movimiento del enemigo. Esta combinación evitará no sólo el que jamás será sorprendido ningún campamento, sino también que todo bombero del enemigo será pillado si los jefes cumplen exactamente esta instrucción.
Como ya hemos mencionado, cada violación a una orden del Código le correspondía una sanción disciplinaria. Estas sanciones eran corporales o de degradación pública frente a la tropa. La máxima sanción era la pena de vida, fusilamiento, ahorcamiento o degüello; otras sanciones eran: el presidio por un mes a 6 meses; el plantón por tiempo indeterminado, la corrida de baquetas, corte de mano (esta para aquellos soldados que atacaran con golpe a un superior), quemada de lengua con hierro candente (aplicada a quienes insultaran o injuriasen a la Iglesia o sus representantes), cien palos o doce docenas de latigazos, entre otras. Sin embargo la más temida por los soldados era la degradación, es decir la expulsión inexorable del Regimiento o Cuerpo a la que pertenecía el infractor.
Dichas sanciones eran promulgadas por los Tribunales de Honor, que lo conformaban los propios oficiales de la Unidad Militar. El Grl San Martín, fue el que instaló y organizó estos tribunales militares que hoy en día están en desuso.
Sin bien para la vista y sensibilidad actual vemos crueles e imperfecto este sistema, como dice el Tcnl Carlos Aldao en su libro El Brigadier General Don José Félix Aldao,. “ con esa máquina tan imperfecta se llevaron a cabo sin embargo, esas campañas legendarias, se libertó medio continente y se conquistó para la civilización un territorio igual al de media Europa”. Y más adelante comenta: “ ...y no creáis que el soldado así tratado odiaba al oficial. No; cuando el castigo era merecido, cualquiera era su magnitud, era aceptado con ese fatalismo que lo distinguía.”
Para finalizar, termino con la introducción que el Grl San Martín hiciera en su Código de honor y que los Generales Belgrano y Güemes del mismo pensamiento que el primero, ratificaban en sus enseñanzas a sus subordinados:
“La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas, ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto mas virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar la seguridad y el buen orden de los pueblos, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los enemigos y de los perversos que serían mas insolentes con el mal ejemplo de los militares.”

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