¿La superpoblación vuelve a ser una amenaza?

En 1968 Paul R. Ehrlich dejó caer una bomba sobre un mundo felizmente embarcado en una década de prosperidad y desarrollo económico: en su libro The Population Bomb, aquel casi desconocido entomólogo especializado en mariposas de la Universidad de Stanford alertaba de que la superpoblación del planeta conduciría en las dos décadas siguientes a un desabastecimiento de alimentos que provocaría la muerte de cientos de millones de personas, en un colapso global sin precedentes. Más de medio siglo después, es evidente que no son pocos los problemas que aquejan a la humanidad; pero también lo es que el apocalipsis de la bomba poblacional no llegó. Sin embargo, con sus luces y sombras, las advertencias de Ehrlich aún resuenan lo suficiente como para mantener vigente el debate.

La idea de la disparidad entre población y recursos tiene una larga trayectoria histórica: a finales del siglo XVIII el británico Thomas Malthus sacudió el pensamiento de la Revolución Industrial con su Ensayo sobre el principio de la población, en el que planteaba un problema de difícil solución: ¿cómo mantener a una población que aumenta en progresión geométrica con una producción de alimentos en progresión aritmética? La obra de Malthus instigó un intenso debate no exento de críticas feroces, pero inspiró la teoría de la selección natural mediante la cual Charles Darwin y Alfred Russel Wallace dotaron de un motor a la evolución biológica.

POBLACIÓN, RECURSOS Y DESARROLLO


La discusión sobre la catástrofe malthusiana se prolongó hasta el siglo XX, cuando la población mundial comenzó a crecer de manera desaforada. A finales de los años 40 y durante los 50, una corriente neomalthusiana comenzó a crecer apoyada en obras como Road to Survival, del ecólogo y ornitólogo William Vogt. Fue el libro de Vogt el que comenzó a atraer al joven Ehrlich, por entonces estudiante universitario, hacia el problema de la superpoblación y los recursos. En un caldo de cultivo en el que hervían nuevas ideas sobre el control de la natalidad y la esterilización, Ehrlich comenzó a impartir conferencias, ya doctorado y radicado en Stanford, hasta que el director de la organización ecologista Sierra Club le sugirió reunir el contenido de sus charlas en un libro. 

En solo tres semanas Ehrlich y su mujer Anne —cuyo nombre se omitió porque el editor prefería un solo autor, algo que luego Ehrlich lamentó— redactaron presurosamente un manuscrito titulado Population, Resources, and Environment. No tenía el suficiente punch; el editor lo cambió por The Population Bomb, tomando el título de un panfleto publicado en 1954 por el empresario Hugh Moore. El libro de los Ehrlich iba al grano desde la primera frase del prólogo: “La batalla para alimentar a toda la humanidad ha terminado. En los 70 y los 80, cientos de millones de personas morirán de hambre a pesar de cualquier programa de choque que pueda emprenderse ahora”.

En un primer momento la bomba poblacional de los Ehrlich apenas tuvo impacto, hasta que la aparición del biólogo en el show de Johnny Carson multiplicó su onda expansiva: tres años después, el libro se convertía en un best seller y en uno de los ensayos más influyentes y controvertidos del siglo XX. Pero mientras el debate proseguía, pasaron los años 70 y los 80. Y si bien en ningún momento faltaron en el mundo las crisis y los conflictos, la gran hambruna global vaticinada por Ehrlich no se produjo. 

Por supuesto, algunas regiones del mundo sufrieron el azote del hambre. Pero según hicieron notar los críticos de la obra, la causa nunca fue un problema de carestía real de alimentos, sino de inestabilidad política y corrupción. Por otra parte, los temores a la superpoblación levantaron una oleada de pensamiento radical que resucitó posturas como la defensa de la eugenesia e inspiró políticas denunciadas como contrarias a los derechos humanos, incluyendo esterilizaciones forzadas o la ley de un solo hijo en China. 

LA BOMBA AÚN HACE TIC TAC


Sin embargo y mientras los opositores a la tesis de la bomba poblacional declaraban fallidas las predicciones de Ehrlich, el biólogo ha dicho repetidamente que su libro no contenía tales predicciones, sino escenarios. Y un escenario cambia cuando lo hacen sus premisas: el crecimiento de la población mundial se ha moderado desde los años 60, desde un 2,09% en 1968 a un 1,05% en 2020. Y según comenta Ehrlich a OpenMind, este ha sido uno de los factores que han evitado la crisis de hambruna global, junto con el progreso de la tecnología y la llamada Revolución Verde de la agricultura. También, por qué no, el efecto de la profecía autofrustrada, cuando un vaticinio distópico impulsa los esfuerzos contra su cumplimiento. Pero Ehrlich aún ve el fantasma de la hambruna: “Los niveles de hambre, y especialmente la malnutrición en micronutrientes, son repugnantemente altos”, subraya. Para el autor de la bomba poblacional, la situación desde los años 60 no solamente no ha mejorado, sino que hoy es “mucho más desesperante”.

En la actualidad continúa el debate, sin llegar a un consenso. Algunos académicos y científicos consideran que la bomba poblacional aún hace tic tac y que merece una lectura nueva y más reposada, señalando que el descenso de la natalidad es una palanca para el desarrollo en infinidad de países. Otras numerosas voces coinciden en señalar que el problema no es tanto el volumen total de población, sino el sobreconsumo y la desigualdad en la distribución de los recursos. En el frente opuesto, los defensores del crecimiento a ultranza continúan descalificando a Ehrlich y sus ideas. Sin embargo, a menudo se trata de una discusión inevitablemente teñida de colores políticos.

Pero si de algo no cabe duda es de que el problema medioambiental es hoy más acuciante de lo que se veía a la fecha de publicación del libro. Pandemias aparte, el cambio climático se ha convertido en una máxima prioridad global. “Cuando se escribió la bomba, no se conocían la rápida pérdida de biodiversidad y la toxificación del planeta”, comenta Ehrlich. Hoy el biólogo está embarcado en la tarea de estudiar y divulgar la llamada Sexta Extinción, la desaparición masiva de especies del planeta que, a diferencia de las cinco grandes en tiempos prehistóricos, tiene como principal responsable al ser humano. “Ya nos queda muy poco tiempo para actuar”, alerta. 

Javier Yanes - BBVA Open Mind

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