El misterio de las momias del Llullaillaco

La hipótesis más aceptada hasta la actualidad sostiene que los niños fueron ofrecidos en sacrificio en el marco de la Capacocha (o Capac Hucha), una serie de fiestas y ofrendas de agradecimiento que se realizaban en el tiempo de cosecha y que fueron documentadas en diferentes ocasiones por los cronistas españoles.

Los investigadores ya devolvían el cuerpo a la cápsula de cristal, cuando Angelique Corthals observó un detalle en el que nadie había reparado. La túnica que envolvía al niño momificado presentaba unas manchas que luego de analizarlas resultaron ser de saliva y sangre.

Corthals, antropóloga forense de la Universidad de Stony Brook, dedujo que el pequeño murió de un derrame interno, por el golpe que le asestó un sacerdote inca, hace 500 años. No de hipotermia, como se suponía.

La hipótesis de la experta norteamericana abrió un nuevo debate acerca de la forma en que se realizaban los sacrificios humanos durante la época de los incas.

Todo comenzó en marzo de 1999 cuando la expedición a cargo del antropólogo norteamericano Johan Reinhard y de la arqueóloga argentina, Costanza Ceruti, ascendió hasta la cima del volcán Llullaico, uno de los más altos del mundo, para investigar las ruinas de lo que parecía ser un santuario incaico. Lo era.

 En lo alto de esa montaña situada al noroeste de Argentina, a más de 6.700 metros sobre el nivel del mar, los científicos descubrieron tres cuerpos momificados de forma natural, por obra de las bajas temperaturas y la sequedad de la atmósfera. El hallazgo llenó de asombro a la comunidad científica.

Trabajando en condiciones extremas, a 20 grados bajo cero y con vientos de 80 kilómetros por hora, los miembros de la expedición, patrocinada por National Geographic, lograron desenterrar los cuerpos y trasladarlos al laboratorio del Museo de Arqueología del Alta Montaña (MAAM) en la ciudad de Salta. Las momias mejor preservadas del período precolombino, corresponden a una joven de cerca de 15 años, apodada La Doncella, a un chico de entre siete y 12 años —El Niño— y a una niña de cerca de seis años, que luego de morir fue alcanzada por un rayo.

En tiempos de catástrofe los incas elegían las cumbres más elevadas de los Andes para apaciguar la ira de los dioses por medio de la chapacocha o sacrificio de niños-emisarios. Las últimas investigaciones revelan que los tres niños recorrieron a pie los 1.600 kilómetros que separan al Cuzco, capital del Imperio Inca, del volcán donde hallaron la muerte. Pero, ¿de qué forma fueron inmolados?

Mario Bernanski, el científico que diseñó las cápsulas donde se conservan las momias en un medio que reproduce las condiciones de Llullaillaco, rechaza la hipótesis de Angelique Corthals. "En las tomografías craneanas no aparecen huellas de instrumentos contundentes o cortantes. Lo que sí hallamos fueron altos niveles de coca y de chicha (una bebida alcohólica) en los tejidos y en los cabellos de los tres individuos", dice Bernaski.

En base a esos residuos, los investigadores del MAAM presumen que los sacerdotes suministraron a los niños una especie de narcótico. Ellos se durmieron y la hipotermia hizo lo demás.

En cuanto a la mancha de sangre hallada en las ropas de El Niño, Miguel Xemena, director del MAAM, la atribuye un edema pulmonar. "Considerando que se trata de chico no mayor de siete años, es probable que sus pulmones no resistieran la falta de oxígeno y la baja presión durante el ascenso. Seguramente ya agonizaba cuando alcanzaron el altar de los sacrificios", concluye Xemena. - (Ramy Wurgaft)

MAS SOBRE LAS MOMIAS

Las Momias de Llullaillaco, también llamadas Niños de Llullaillaco y Niños del volcán, son los nombres con que se conocen los cuerpos de tres niños incaicos excepcionalmente conservados por alrededor de quinientos años. Fueron hallados a una altura de 6739 msnm (22 109 pies) cerca de la cima del volcán Llullaillaco, en el oeste de la provincia de Salta, noroeste de Argentina. Actualmente se encuentran en exhibición en el Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta.

Desde mediados del siglo XX se conocía, por los relatos de montañistas, la existencia de ruinas precolombinas en ese punto inhóspito de la cordillera de Los Andes. A casi 50 años de esos primeros descubrimientos se realizó una expedición financiada por la National Geographic Society y apoyada por autoridades provinciales y departamentales. En un trabajo mancomunado, montañistas y arqueólogos argentinos y peruanos, bajo la dirección del antropólogo estadounidense Johan Reinhard y la arqueóloga argentina Constanza Ceruti, sacaron a la luz lo que escondía celosamente el sitio arqueológico más alto del mundo.

En marzo de 1999 fueron encontrados los cuerpos de un niño de siete años («El niño»), una niña de seis («La niña del rayo») y una joven mujer de quince años («La doncella»). Su estado de conservación era tal, que varios expedicionarios coincidieron en afirmar que parecían estar dormidos.​ Junto a ellos se hallaron 46 objetos que componían su ajuar, formado por figuras humanas y animales en miniatura, utensilios y alimentos.

Por Ley 25444 del 20 de junio de 2001, los «Niños del Llullaillaco» fueron declarados «Bienes Históricos Nacionales» y la cima del volcán «Lugar Histórico Nacional» por la Comisión Nacional de Monumentos y Lugares Históricos de Argentina.

Cinco años después del hallazgo, se hizo posible la exhibición al público de una parte del descubrimiento en el Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta que fue creado a tal fin, en la ciudad capital de la provincia de Salta. La muestra cuenta con sistemas de protección de alta tecnología a fin de mantener las condiciones de temperatura, humedad e iluminación necesarias para proteger este valioso patrimonio arqueológico.

Te puede interesar