La tragedia de la puerta 12, un dia negro en la historia del fútbol argentino

El domingo 23 de junio de 1968 River y Boca jugaron el gran clásico del fútbol argentino en el Estadio Monumental. Fue el día en que Rojitas le robó la gorra a Carrizo; el día que el gran Amadeo engañó al Muñeco Madurga pidiéndole que le entregara la pelota cuando quedó solo frente a su arco, haciéndole creer que estaba en offside. El partido terminó 0 a 0.
Luego de terminar el partido ocurrió la peor tragedia en la historia del fútbol argentino: 71 personas murieron al tratar de salir del estadio por la puerta número 12, y hubo 113 heridos según las cifras oficiales.

Por causas nunca aclaradas, el sector de salida a la calle de la puerta 12, luego del final de las escaleras, no se encontraba liberado, y la presión de la multitud que salía causó la muerte de las 71 víctimas. Los primeros chocaron contra algún obstáculo (ese “obstáculo”, es el que nunca terminó de determinarse con certeza) y los que venían atrás se amontonaron, se apretaron, se chocaron, se pisotearon, se lastimaron, se asfixiaron. Y 71 de ellos murieron. La mayoría, jóvenes.

Nunca se supo exactamente qué pasó. Aunque parezca increíble, así es. La Policía Federal y el ministro del Interior, Guillermo Borda, repetían que “las puertas estaban abiertas”. Los directivos de River juraban que los molinetes que se ubicaban en las puertas para controlar la entrada de gente no estaban colocados (se removían habitualmente mitad del segundo tiempo de los partidos). Pocos les creyeron.



Una versión aseguraba que los empleados encargados de retirar los molinetes tardaron demasiado en hacerlo y que la gente chocó y se apretujó con ellos cuando intentaba salir; la presión de los que venían atrás hizo el resto. Otros decían que la policía quería “peinar” la barra brava de Boca porque estaba buscando a algunos hinchas, y por eso hizo que dejaran los molinetes colocados. Otros, que la policía montada cargó contra los hinchas cuando salían y produjo el tapón al hacer que la gente que llegaba a la puerta tratara de quedarse ahí o retroceder. Otros, que la puerta directamente estaba cerrada y que cuando finalmente la abrieron ya la gente estaba asfixiándose y aplastándose.

Los testimonios de personas que estuvieron allí también difieren. Uno de los que se salvaron, J.B., relata: “me caí de boca al piso. Se me vino la avalancha encima y me arrastré como pude hasta la pared. Empezaron a caer otras personas encima. En ese momento vi que dos personas sacaban los molinetes y los pasaban por encima de mi cabeza. No me podía levantar; seguían cayendo encima mío y no podía salir de esa trampa. Escuché que gritaban '¡saquen la reja, saquen la reja!'. Después de eso no me acuerdo más nada, me desperté en el hospital y me dijeron que tenía una pierna rota.”

Otro de los sobrevivientes a la tragedia cuenta una versión desde otra perspectiva: “yo salí de la cancha unos minutos antes de terminar el partido por otra puerta, crucé la calle y me puse a tomar una Coca frente a la puerta 12. Vi a varios policías revoleando sus garrotes tratando de contener a la gente que buscaba la calle. La cantidad de policías aumentó y un pelotón de la montada se les agregó. Formaban una barrera que contenía a golpes a la gente. Entonces vi a dos personas que se arrastraban desesperadas sobre las cabezas de gente en el piso. No quise ver más.”

Otro testimonio muestra una versión diferente: “10 minutos antes del final del partido la puerta 12 estaba cerrada. Estoy seguro porque mi hijo se desmayó, nos fuimos antes y tuvimos que salir por otra puerta porque esa estaba cerrada”, aseguraba un aficionado. Muchos sí coincidían en afirmar que “la iluminación era inexistente y el suelo estaba resbaladizo”, aunque eso era (y es) algo habitual en los estadios de fútbol argentinos.

Todos los muertos eran simpatizantes de Boca Juniors. En el primer Boca-River después de la masacre, las dos hinchadas se unieron, por una vez en su historia, para gritar que “¡...no había puerta, no había molinete, era la cana que golpeaba con machete...!”

Nunca había muerto tanta gente en una cancha de fútbol en Argentina.

Pese a las fuertes sospechas sobre la actuación de la Policía Federal y del club atlético River Plate, las causas y responsabilidades de la masacre nunca fueron adecuadamente establecidas. Inicialmente, directivos de River fueron procesados por negligencia, pero la Cámara de Apelaciones dejó el procesamiento sin efecto y la causa fue archivada.

En cuanto a la responsabilidad civil, la AFA decidió ofrecer dinero a los heridos y a los familiares de las víctimas con la condición de que no denunciaran a River Plate ni a la propia AFA. La AFA y River Plate reunieron un fondo de poco menos de unos 100.000 dólares, que significaban algo más de 1.000 dólares por fallecido. A cambio de cobrar esa cifra se les exigió a los damnificados que renunciaran a cualquier reclamo judicial. Sólo dos damnificados, Nélida Oneto de Gianolli y Diógenes Zúgaro, iniciaron juicio contra River; el fallo condenó al club a raíz de su responsabilidad civil en el hecho y le ordenó pagar alrededor de 50.000 dólares a cada uno.



Pero aún en este punto las versiones son variadas, como se deduce luego de este testimonio de una abogada interviniente: “Nosotros representábamos a casi todas las familias, 68 o 69. Muchas de las víctimas eran gente muy humilde, de villas. Después de más de un año de negociaciones llegamos a un acuerdo de caballeros en la AFA. Pero como River y la AFA nos pidieron que lo hiciéramos secreto porque dijeron que esa indemnización sería una afrenta al fútbol argentino, nos callamos la boca. Ellos nunca dejaron de repetir que River no tenía nada que ver con la tragedia. Nuestros clientes estaban contentos porque habían reconstituido una parte del dinero, pero me hartó el cinismo del fútbol.

–¿La indemnización la pagó solo River? ¿O también pagaron la AFA y la Policía?

–Pagaron River, la AFA y tutti quanti (todos ellos).”

La veracidad del testimonio de la abogada de las víctimas puede constatarse en la Memoria y Balance de River Plate de 1969, en cuya columna del debe figuran “contribuciones a favor de las víctimas del accidente estadio junio de 1968”.

Diana Von Bernard, hermana de una da las víctimas, acaso la familiar que más insiste ante los medios sobre la tragedia, dice no saber nada al respecto. “Mi familia no recibió nada, mi papá no quería saber nada”, agrega. Cada tanto, Von Bernard escribe a la sección Carta de lectores de los diarios y firma como “Familiares de Víctimas de Puerta 12”, a la espera de que algún familiar le escriba, se interese, haga causa común o siplemente catarsis.

El hecho se volvió un tema tabú y con el tiempo no fue recordado ni por Boca ni por River. En 2018, al cumplirse 50 años de las muertes, Boca Juniors pidió perdón por no haber mamtenido presente el recuerdo de las víctimas, comprometiéndose a hacerlo en adelante. El actual presidente de Boca Juniors, Jorge Amor Ameal, ordenó la creación de una Comisión de Homenaje y Memoria por los Fallecidos en la Tragedia de la Puerta 12 y evalúa elevar un particular pedido tanto en AFA como en Conmebol: decretar el 23 de junio como día de luto y que en esa fecha no tenga lugar ninguna actividad vinculada con el club, incluido, claro, los partidos de fútbol de primera división.

Después de la tragedia, River modificó la denominación de las puertas de acceso a su estadio; cambió los números de las mismas por letras. La puerta 12 pasó a ser “el acceso L”, doceava letra del alfabeto.

POR MIGUEL A. HERNÁNDEZ- historiahoy



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