Antoine de Saint-Exupéry, su gran amor y su paso por Argentina

Antoine y Consuelo Saint Exupéry
«Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante»

Antoine Marie Jean-Baptiste Roger Conde de Saint-Exupéry, escritor y aviador francés, autor de la famosa obra El principito, nació el 29 de junio de 1900 en Lyon.
Pronto quedó huérfano de padre y se crió en el eterno femenino de una familia aristócrata venida a menos.

A través de su amigo Henri Guillaumet ingresó en la empresa Aeropostale y es así como llega a Buenos Aires a donde conoce a quien sería su gran amor, Consuelo Suncin, joven salvadoreña viuda de Enrique Gómez Carillo (periodista español, amigo de Amado Nervo y Rubén Dario, honrado con la Legión de Honor)

La pareja vivió en Buenos Aires, en la calle Tagle al 2846 en un edificio que hoy ya no existe.

Su unión matrimonial, que se alargó durante quince años, fue muy turbulenta por la profesión de piloto de su marido, su gusto por la vida bohemia, su éxito como artista y escritor, y sus incontables amantes. Todo ello los distanció, aunque tenían encuentros esporádicos durante los que vivían momentos de auténtica felicidad. No en vano, la rosa de El principito es un homenaje de Saint-Exupéry a su esposa. Su infidelidad y dudas acerca del matrimonio son simbolizadas por el campo de flores que se encuentra el pequeño príncipe en la Tierra. Sin embargo, el principito le dice que su rosa es especial, porque es a ella a la que realmente quiere.

(Abajo) algunas fotos de Antoine y Consuelo cuando vivían felices.

0000008758
0000008738

El escritor y las referencias argentinas en sus cuentos

La boa que se comió a un elefante
Una de las imágenes más famosas de El Principito es la de la boa que se comió a un elefante. Según algunas versiones, no es casualidad que su forma sea muy similar a la Isla de los Pájaros en Chubut.

El aviador sorpendido por el niño
Otra de las historias cuenta que Saint-Exupéry realizaba un vuelo rumbo a Paraguay, cuando su avión sufrió un desperfecto técnico y tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en Concordia, Entre Ríos. Entonces, se encuentra con dos nenas rubias que se burlaron de él pero en francés: «¡Qué tonto! ¡No vio la cueva!».

¿Te remite a algo? Claro que sí: al momento de El Principito, en que el aviador en el desierto es sorprendido por aquel nene especial.

Las niñas reales eran Edda y Suzanne Fuchs, hijas de un matrimonio francés que vivía en El Castillo de San Carlos, sitio que -por cierto- lo inspiró a escribir el cuento Oasis, del libro Tierra de Hombres:  «Había aterrizado en un campo y no sabía que iba a vivir un cuento de hadas». 

En la revista parisina Marianne, escribió la nota Las princesitas argentinas, en donde contó todas sus vivencias en el castillo y particularmente sobre estas nenas, quienes domesticaban animales: ovejas, hurones, una iguana, una langosta, un zorro, un mono y abejas.

El zorro y el amor por los animales
El Principito, como estas dos inquietas nenas con las que Saint-Exupéry se encariñó fuertemente, tiene un una conexión especial con los animales. En la famosa obra, es el zorro el que le dice que domesticar es crear lazos: "Si me domesticas tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo".

b917422c2912e467cec666faf611976c

EL TRÁGICO FINAL 

El último vuelo de Antoine de Saint-Exupéry, con 44 años, habría acabado frente a las costas de Marsella, al sureste, un 31 de julio de 1944. Partió a bordo de su Lightning P38 a la isla de Córcega para una misión de reconocimiento destinada a preparar el desembarco aliado en Provenza. Segunda Guerra Mundial. Misión: fotografiar las defensas alemanas. Al autor de Vuelo nocturno (1931) se le perdió la pista pasado el mediodía.

Fue un aventurero con un alto sentido del deber. En su libro Piloto de guerra (1942), ve claramente que la guerra atenta contra la civilización occidental. Viene bien aquí ese lema inglés «Keep calm and carry on», mismo concepto. El piloto, el día antes de morir, se preocupó de anotar una despedida: «Si me derriban no extrañaré nada. El hormiguero del futuro me asusta y odio su virtud robótica».

Recién en 1998, un pescador encontró al este de la isla de Riou, a unos 20 km al sureste de Marsella, una pulsera de plata de identidad con el nombre de Saint-Exupéry y de su esposa Consuelo. La familia del escritor descreyó del pescador, al igual que del buzo Luc Vanrell, quien encontró los restos de un P-38 Lightning en el fondo del mar, cerca de donde se había encontrado el brazalete. Finalmente, el 7 de abril de 2004, investigadores del Departamento de Arqueología Subacuática confirmaron que los restos del avión encontrados eran los que piloteó Saint-Exupéry.

0000008728 (1)
0000008708

Fuente: Vix.com - Historiahoy 

Te puede interesar