Cuarentena: el impacto en la vida de los argentinos

El teletrabajo, los niños estudiando en casa y las reuniones virtuales forman parte de la nueva realidad de los argentinos. El avance de la pandemia, la cuarentena y las otras medidas implementadas para hacerle frente alteraron el desarrollo de la cotidianeidad y los vínculos laborales y familiares.

¿Cuál es la percepción de la población sobre esta nueva normalidad? ¿Qué efectos psicosociales podrían generarse como consecuencia de la pandemia y la vida en cuarentena? Estos fueron los interrogantes planteados por los científicos del CONICET que desarrollaron el estudio Tiara, una investigación que recibe su nombre como un juego de palabras en referencia al coronavirus.

“Nos propusimos sacar una foto de lo que nos estaba pasando como sociedad. La salud mental es un tema clave en el manejo de la epidemia porque refleja el costo de lo que estamos viviendo como individuos y cómo esto se complementa con la prevención y adherencia al aislamiento”, afirmó Silvina Arrossi, investigadora independiente del CONICET en el Centro de Estudios de Estado y Sociedad -CEDES- y una de las líderes de la investigación.

Los científicos confeccionaron una encuesta que se difundió de forma online entre el 30 de marzo y el 12 de abril, es decir durante los primeros días de cuarentena obligatoria. La investigación, que ya fue elevada a las autoridades del Ministerio de Salud de la Nación, fue respondida en forma anónima por 30.269 personas de las 24 provincias.

El dato que los investigadores consideran más significativo fue que durante las dos primeras semanas de aislamiento el 55 por ciento de la población encuestada reportaba una reducción de ingresos en su hogar.

La investigadora adjunta del CONICET y directora del CEDES, Mariana Romero, explica que las respuestas obtenidas revelaron que el aislamiento tiene consecuencias que van más allá de la permanencia en los hogares. El informe Tiara evidencia “las dificultades o temores a cómo impacta en términos económicos el sostenimiento de los diversos grupos sociales”.

Las preocupaciones
Mientras que el aburrimiento no representa una preocupación importante para la población sondeada, las inquietudes de índole económico afectan a la mayoría: el 64 por ciento de los encuestados reconoció sentirse afectado por la posibilidad de no poder trabajar y no disponer de sustento. La imposibilidad de pagar el alquiler y los servicios en un futuro cercano preocupa al 60 por ciento de los encuestados.

De la información obtenida en la encuesta se desprende que las mujeres muestran mayor grado de preocupación que los hombres para todas las categorías sondeadas por el estudio, excepto en lo referido a la educación de los hijos donde las inquietudes son similares. Entre la población joven, el 71 por ciento señala estar preocupado por no poder trabajar y en consecuencia, perder el sustento económico y el 66 por ciento reconoció preocupación por verse imposibilitado de pagar el alquiler y los servicios.

Dentro de la población socialmente vulnerable, identificada como aquella que solo dispone de cobertura pública de salud, el 86 por ciento declara preocupación por no poder trabajar y no disponer de sustento económico. La incapacidad de pagar el alquiler y los servicios fue considerado por el 81 por ciento de los encuestados de este grupo, mientras que el 79 por ciento manifestó estar preocupado por no disponer de los medios económicos para comprar alimentos.

Otro de los puntos valorados por el estudio fue la preocupación de los entrevistados por la violencia de género. Las mujeres, los jóvenes y las personas con vulnerabilidad social demuestran mayores inquietudes: entre las personas de 18 a 29 años, el 19 por ciento se encuentra bastante o muy preocupado, comparado con el 8 por ciento de los encuestados con edades que rondan entre los 30 y los 59 años. Solo el 10 por ciento de la población con 60 años o más, mostró preocupación por el tema. El 22 por ciento de la población con cobertura pública de salud exclusiva declaró preocupación por la violencia domestica, frente al 11 por ciento de quienes cuentan con obra social o prepaga.

Entre las principales inquietudes que afectan a la población encuestada el 93 por ciento señaló la posibilidad de contagio en algún miembro de su familia, mientras que el 87 por ciento esbozó inquietudes por sufrir algún problema de salud propio o en el núcleo familiar y no recibir la atención adecuada. Una mención especial la merecen las personas con enfermedades crónicas, quienes en numerosos casos han interrumpido sus tratamientos, estudios o análisis. “Este punto deberá ser tomado en consideración por los hacedores de políticas públicas frente a la continuidad del aislamiento”, señaló Romero.

Malestar psicosocial
Con el objetivo de medir el nivel del malestar psicológico en la población sondeada, los investigadores utilizaron la escala K10, una herramienta validada en Argentina que se basa en preguntas sobre síntomas de depresión y ansiedad. El instrumento de medición reveló que el 48 por ciento de la población refleja un puntaje compatible con malestar psicológico. El 28 por ciento del total alcanzó un puntaje en la escala K10 de malestar psicológico moderado o severo.

Los aspectos positivos
Pese al alto impacto psicosocial registrado en las respuestas, el estudio también recogió datos positivos. El 81 por ciento de los casos valora el aislamiento como una contribución para detener el coronavirus y el 73 por ciento de la población considera la cuarentena como una medida en la que el país, en su conjunto, contribuye a detener el avance de la pandemia.

“Lo interesante de esta encuesta es la sensación colectiva. Es un elemento central que hace que la gente le siga dando legitimidad a la medida, a pesar del gran impacto a nivel de ingresos, de las condiciones de trabajo y de la salud mental”, sostuvo Silvina Arrossi.

Por su parte, Romero advirtió: “Es interesante resaltar la respuesta respecto de los principales cambios de conducta. Que haya habido cambios en las dos primeras semanas confirma que los mensajes han llegado claros y en términos de salud pública este punto es clave”.  De hecho el estudio confirma que durante las primeras semanas de cuarentena el 95 por ciento de la población aumentó la frecuencia del lavado de manos, el 91 por ciento evita saludar con un beso y el 86 por ciento se cubre con el codo cuando estornuda o tose. Además, el 62 por ciento de los encuestados afirma haber dejado de compartir el mate.

El futuro de la investigación
Con el objetivo de analizar el malestar psicosocial de la población en los posibles nuevos escenarios, la proyección del estudio es realizar un nuevo relevamiento a 6 meses de iniciada la primera etapa de cuarentena. La nueva medición posibilitará la comparación entre lo que serán, probablemente, diferentes fases del aislamiento social preventivo y obligatorio “e incluso la información permitirá hacer políticas públicas focalizadas”, precisó Melisa Paolino, investigadora asistente del CONICET en el CEDES.

“Hay evidencia que habla de que esto no se termina acá, el malestar puede traer consecuencias a largo, mediano y corto plazo, por eso es importante brindarle información y herramientas a la población. Habrá consecuencias en la subjetividad de la población, nadie será el mismo”, concluyó Paolino.
El equipo de investigación está integrado por Silvina Arrossi, Silvina Ramos, Melisa Paolino, Fernando Binder, Laura Perelman, Mariana Romero y Hugo Krupitzki.

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