La Pomeña, la pastora que se volvió zamba

Por Silvana Avellaneda para Radio Nacional

“La Pomeña” es una zamba que inmortalizó en todo el mundo Mercedes Sosa. La poesía de su letra escrita por Manuel J. Castilla y la dulzura de la música de Gustavo “Cuchi” Leguizamón, se combinaron para que sea una de las zambas más versionadas por artistas de todos los géneros, no sólo en el folclore argentino.
La zamba cuenta la historia de una pastora adolescente, Eulogia Tapia, en tiempos del carnaval en la provincia de Salta, en el norte de la Argentina. Eulogia de 75 años, aún vive en la localidad de La Poma, a unos 1672 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Sigue con su vida tranquila como pastora de cabras, cantando coplas, lejos de la fama universal que le dieron los versos.

Eran los años ´60 cuando llegó a este rincón del mundo el poeta Manuel Castilla para celebrar el carnaval y beber unos vinos en el almacén del lugar, “La Flor del Pago” que aún existe. Cuenta la historia que en ese momento entró una adolescente de 18 años, cubierta su cara de harina como se festeja el carnaval en el norte.

Tenía una caja coplera entre las manos para comprar algo para su casa. Con timidez, Eulogia aceptó el desafío de Castilla de cantar en contrapunto (esto es un ir y venir de coplas que se improvisan, hasta que uno pierde).

La adolescente ganó en la improvisación, y sin decir más, salió a buscar su caballo blanco que había quedado en el frente del almacén.

“La Pomeña” es un retrato plagado de imágenes de lo que eran las celebraciones del carnaval en los pueblos más antiguos, entre montañas. Según contó la propia Eulogia en un reportaje, la parte de la canción en donde el poeta menciona que el sauce llora porque la roban se debe a que en esos tiempos de carnaval, varias cabras de la familia habían sido robadas.

Sin embargo, una versión tradicional y más afianzada, habla de una costumbre que existía en otros tiempos para la fecha del Carnaval. Esos días era el momento en que los enamorados podían encontrarse sin pedir permiso a los padres. A eso se le llama “robar para el Carnaval”. Según esta historia, Eulogia en ese tiempo fue “robada” por quien después sería su marido de toda la vida, Avilio, con quien tuvo dos hijas.

La historia dice que Manuel Castilla no resistió que una adolescente le ganara en versos. Por eso, al otro día fue hasta la casa de Eulogia para volver a cantar en contrapunto. Con el permiso del padre de la adolescente el duelo se hizo. Y otra vez el poeta perdió.

Esa fue la última vez que se vieron. Antes de irse, Castilla le prometió delante de todos que el premio sería una zamba que él le escribiría sobre sus ojos negros; el paisaje de cerros, y los sembradíos de alfalfa y trigo de los campesinos como sus padres.

La historia dice que Manuel Castilla no resistió que una adolescente le ganara en versos. Por eso, al otro día fue hasta la casa de Eulogia para volver a cantar en contrapunto. Con el permiso del padre de la adolescente el duelo se hizo. Y otra vez el poeta perdió.

Esa fue la última vez que se vieron. Antes de irse, Castilla le prometió delante de todos que el premio sería una zamba que él le escribiría sobre sus ojos negros; el paisaje de cerros, y los sembradíos de alfalfa y trigo de los campesinos como sus padres.



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