La quema de libros de 1933 por parte de los nazis

Hitler ascendió al poder, iniciándose de esta manera el conocido como Tercer Reich, el el 30 de enero de 1933. Solo unos meses más tarde, en mayo de ese mismo año, ocurriría la conocida quema de libros por parte de los nazis. Exactamente el 10 de mayo de 1933 fueron quemados en las plazas de muchas universidades miles de ejemplares de autores de la talla de Karl Marx, Sigmund Freud, Erich Maria Remarque, Carl, von Ossietzky y Kurt Tucholsky. El partido nazi quería controlar todos los ámbitos de la vida y, evidentemente, la cultura y el conocimiento era un obstáculo importante para lograr dicho objetivo. Desde aquel momento las obras de estos autores se consideraron representativas de la "decadencia moral" y del "bolchevismo cultural".

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Las hogueras se encendieron en todas las universidades, fueron organizadas por las ligas estudiantiles y casi todos los profesores participaron en ellas, demostrando así que de la universidad no surgiría ninguna oposición al nuevo régimen. Sin embargo, no se trató, como se quería hacer creer, de un gesto improvisado que demostrara los sentimientos más auténticos de los alemanes, sino de una acción planeada, orquestada y coordinada por Goebbels, que también pronunció en Berlín un discurso violento e injurioso contra los autores condenados. La quema no fue solo un acto de barbarie, sino que demostró la pretensión del gobierno nazi de conquistar la hegemonía cultural.

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Las imágenes de las llamas que reducían a cenizas los libros dieron la vuelta a Europa y suscitaron una enorme indignación. Muchos intelectuales alemanes en el exilio consideraron este acto como la confirmación de la degradación de la democracia y la confirmación de la deriva nacionalsocialista que les había llevado a adoptar la dolorosa decisión de su partida. Por ejemplo Einstein, había dejado Alemania en diciembre de 1932, apenas un mes antes del ascenso al poder de Adolf Hitler.

HOMENAJE DESDE EL EXTRANJERO
En el primer aniversario de este episodio, el 10 de mayo de 1934, un grupo de intelectuales dirigidos por Heinrich Mann inauguró en París la Deutsche Freiheitbibliothek, la Biblioteca Alemana de la libertad, que pretendía ser una demostración concreta de que el espíritu alemán más auténtico no había sido quemado en las hogueras sino solo silenciado en su propio país. El poeta Heinrich Heine, cuyas obras también ardieron en 1933, había escrito años antes: "donde se queman libros, al final también se acaba quemando gente". Un oscuro presagio que se haría realidad años más tarde en los campos de concentración y exterminio nazi.

National Geographic

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