¿Y ahora quién nos guía? El turismo en jaque por la crisis.

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Por Martín Santiago Dávalos 
Guía Freelance

Por medio de este sencillo escrito, tengo la posibilidad de contarles a modo personal la situación de estos cambios que uno experimentó desde que surgió este virus a nivel mundial y como afectó nuestro diario vivir.

Ser guía de turismo lleva una gran responsabilidad, comenzar nuestra tarea a partir de las 7 de la mañana nos demanda salir más temprano desde nuestros hogares, por ejemplo yo vivo a 13 kms de Salta Capital así que tengo que salir una hora antes de llegar a horario. Luego comienza el trabajo viendo la lista de pasajeros así se buscan las personas puerta a puerta de cada hotel, a veces con una diferencia entre hoteles de 15 km. 

Una vez que se buscan todos los pasajeros, se comienza a dar la explicación del itinerario, se llenan las listas requeridas para los controles en ruta y en cada excursión que se realiza, las distancias al destino con las paradas para conocer los lugares más emblemáticos llegan a ser de entre 320 km a 520 km por día de trabajo. Hasta aquí suena todo muy lindo, pero es muy agotador, muchas horas dentro del vehículo y en contacto con la gente nos pone en papel de un regulador del viaje. Todo eso cambió desde que escuchamos nombrar a un virus que no tenía tanta importancia al principio pero con el paso de los días, al salir de China hacia varios países, nos comenzamos a preocupar ya que recibimos turistas de todo el mundo, especialmente de Europa.

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Recuerdo mi último viaje como guía bilingüe, dos personas de Bélgica, el paisaje y el miedo estaban presentes en todo momento. Ya dudábamos de saludarnos con un apretón de manos, ni hablar de un abrazo como comúnmente saludamos a todos los que vienen a visitarnos, algo común en nuestra sociedad.
De repente todo cambió, el gobierno comenzó con las medidas de emergencia sanitaria y las agencias nos comunicaban la cancelación de todas las reservas previas. Nosotros cobramos por día trabajado, haciendo de nuestro trabajo un ingreso diario. 

Paso la primer semana y comenzó la preocupación, no era tan evidente ya que había mucha información dando vueltas, si el virus se moría a más de 25 grados, que si afectaba tanto como se decía, la situación se ponía cada vez más seria, se dictaminaba la cuarentena. Algo que nunca había vivido en toda mi vida.

En mi caso la cuarentena me tocó en Brasil, al no haber trabajo aquí decidí por coordinar un Bus doble piso antes que se cierren las fronteras. Salí con la presión de ir allá, más por la falta de trabajo y el día que llegué todavía era flexible, fue un día martes. Al día jueves se habían cerrado todos los restaurantes, las playas, las excursiones, no había ningún tipo de actividad.

Cuando uno es coordinador puede ganar algo extra en la venta de paquetes ya que el pago por los 10 días de trabajo son 7000 pesos, así que comenzaron las discusiones, la preocupación era cada vez mayor, no sabíamos si íbamos a poder volver, fue caótico. El día que volvimos nos tuvimos que ir hasta Córdoba, ya que nadie pasaba por Chaco. Nos miraban como si fuésemos delincuentes. Nos trataban como ratas de laboratorio. Como infectados de algún virus asesino que nadie tenía. Así llegamos a Córdoba.

En Córdoba la policía nos amenazaba con llevarnos presos, el peor trato que había recibido. Así y todo yo volvía con 5 pasajeros de Tucuman y la única opción de la empresa fue alquilar un vehículo para volver. Yo había dormido una sola hora por ayudar a hacer todo el papeleo de migraciones y aún así con la desesperación de volver a casa como sea me mantuve despierto hasta Santiago del Estero y ahí dormí al costado de la ruta una hora más,  estaba exhausto, habíamos querido ir por la ruta 157 pero Catamarca nos negó el paso, así que nos desviamos por una ruta de tierra 70 km más.

Llegamos a la ruta y otra vez la policía nos amenazaba con llevarnos preso, no habíamos llegado a Santiago del Estero todavía. Después de hacernos demorar por una media hora nos dejaron continuar hasta la ruta 9. Ahí todo cambió, llegamos a Santiago del Estero y el oficial de policía me trató con todo respeto y comprensión, no dio las indicaciones de usar barbijo y no parar en ningún lado hasta que lleguemos, solo a cargar combustible y así fue. Lo mismo en Tucumán, el mismo trato, un trato muy humano.

Así llegué a Tucuman y los dejé uno por uno en sus casas, tenía que continuar hasta Salta. Recuerdo el primer control en Rosario de la frontera, se me caían las lágrimas de estar en mi provincia. Así pase varios controles, todos muy amables. Llegue hasta el peaje y me tomaron los datos, fui a dejar el vehículo de alquiler y de ahí me fui a mi casa, creí que ahí terminaba todo, pero no, mi cuarentena era más estricta. Me quedé 14 días dentro de mi casa sin contacto alguno.

No se que era mejor, si morir de Coronavirus o vivir como estaba viviendo. La plata se acabó, la cuarentena porvenir de un país de riesgo terminó y ahora estamos como todo el resto. No tengo ningún síntoma del virus pero siento que tengo muchos otros síntomas externos a este virus. Tengo la impotencia de no poder trabajar, no tengo ayuda del Estado, el turismo está extinguido y todavía tengo el eco de varias voces que me decían "vos trabajas en turismo, eso no es un trabajo" o "los chetos que se queden allá, si fueron con dolares" 

Cuantas cosas escuché, todas son agravios hacia los que hacemos del turismo uno de los baluartes más grandes de esta provincia y de esta Nación. Somos la cara visible de todas las empresas que traen gente y las tratamos con todo el respeto y la educación que tenemos y podemos dar. Es un momento de intercambio, siempre hemos dado todo por la felicidad de los demás, es tiempo que nos den un poco aunque sea de lo que le damos a todos los que están en este rubro y en esta provincia y país. Es solo equilibrar la balanza, solo pedimos justicia y caridad para los que hemos dado tanto para los demás sin pensar en hacernos millonarios. Esperamos, aún esperamos su ayuda.

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