El nacimiento del majestuoso Dique Cabra Corral

SALTA Por 387 Salta

Fue construído entre 1966 (presidente Arturo Illia) y 1972.

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Se formó por la confluencia del río Guachipas donde desaguan por el sur, todos los ríos de los Valles Calchaquíes, y Rosario y Arias por el Norte; tiene forma de una "Y" con capacidad de 2.880 hm³, lo cual lo convierte en uno de los más grandes del país. El objetivo de su construcción fue con el fin de regar 100.000 has. en Salta y Santiago del Estero e integrarse a la red nacional de energía con la producción de energía hidroeléctrica a través de sus tres turbinas.

Inaugurado 15 de abril de 1972, con la visita del presidente de facto Agustín Lanusse. Por aquellos años se decía que la obra, una vez que comenzara a embalsar el dique, tendría una vida de 100 años, debido a la sedimentación que los ríos le iban a traer. 

Conocido como "Cabra Corral", debido a que la empresa norteamericana encargada de los relevamientos topográficos para la futura obra, en sus cartapacios colocaban los títulos "Cabra Corral" en vez de "Corral de Cabras". En la época más alta de la construcción, se calcula que supo contener casi 4.500 personas

Creado sobre lo que antiguamente era un mar que ingresó en el norte argentino hace unos 14 millones de años. 

El Cabra se reconstruyó sobre una pequeña porción de lo que fué ¨El viejo Lago de Lerma¨ que se rompió hace unos 300 mil años, ése lago medía casi 100 km de longitud y unos 1000 km cuadrados de superficie, que de existir hoy, sería uno de los cien lagos MAS GRANDES DEL MUNDO; hasta que la erosión del río Juramento cortó la sierra del Mojotoro y lo desaguó.
Además, muchos arqueólogos aseguran que el dique fue levantado sobre asentamientos de los originarios Huachipas, de los cuales se encontraron numerosos restos de cerámica en las orillas e incluso, aun siguen habiendo hallazgos arqueológicos como Ablomé donde se pueden apreciar entre otras cosas pinturas rupestres y grabados, aunque lamentablemente gran parte del tesoro arqueológico quedó sumergido.

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Existieron en el proyecto 4 posibilidades de construcción y comunicación.

1-Diseñar un camino a la izquierda del Juramento,

2-Pavimentar el camino desde el paraje Las Juntas Guachipas,

3-Construir un camino Cabra Corral- Juramento pero hacia el Este

4- Construir un puente sobre el Rio Guachipas y salir a la localidad de Moldes. (opción que fué elegida debido a la insistencia de los Moldeños)


La estructura del puente fue probada por los constructores sobre el Rio Guachipas (máximo embalse), ya que tenía que resistir 160 toneladas. Para ello se contrataron 10 camiones cargados que debieron quedarse por tramos para que pudiera verificarse su seguridad. Hacia el ´77 cuando se terminó la central hidroeléctrica un tractorista dejó sin frenos su tractor industrial y éste se hundió debajo del actual puente sin que pudiera ser sacado debido a que las grúas de aquel entonces podían dañar la estructura de las columnas. Algunos entendidos sugieren que de sacarse el tractor en la actualidad sería digno de un modelo de museo.

El largo del dique tiene una extensión de casi 12 mil hectáreas, casi como la ciudad de Buenos Aires (11 mil Has, como para darse una idea de la superficie) y se extiende 24 km sobre el Río Guachipas.

Parte de la nota escrita por Adriana Peralta, extraída de la revista Viaje de Pesca

En el año 1967, mi padre Víctor Hugo Peralta, comenzó a trabajar en el Complejo Cabra Corral para Agua y Energía Eléctrica, convirtiéndose en el Jefe de Taller mecánico.
Llegar era toda una odisea y en esa época solo se podía hacerlo por medio de los colectivos de la empresa Chávez.
Terminando el pueblo de El Carril comenzaba un camino de tierra a pura calamina y extensa vegetación que hacían el viaje interminable.
El movimiento de numerosos empleados y tráfico de maquinarias de gran porte eran era incesante, propio de una gran obra.
Así, el barrio Agua y Energía (actualmente habitado por operarios de la Usina) se convirtió en la morada de muchos empleados. Algunos vivían solos, otros con sus familias y también estaba el llamado pabellón de solteros, un edificio con más de diez piezas con baño privado.
En ese barrio vivieron mis padres; el señor Paz (el “Pelao”), Ramiro Sosa (el “Loro”), el señor Lettari, Garijo, Juan Rivas (el “Zorro”), Rojas, los hermanos Luis y Tony Giménez, Gauna, Santiago Zupán, Fabronni, Armando Ramírez (el “Negro”) y Perico Peralta, el menor de mis tíos.


Muchos nombres escapan de la memoria de mi madre, Elva López, pero entre las familias amigas estaban también el ingeniero Trucco y su señora, el ingeniero Dallatea, el ingeniero Barrionuevo, “Pila” Carrizo y su esposa, Luis Chumbita y su señora, De la Vega, el dinámico Antonio García (el “Loco”), Ovejero, Moreno, Guerrero, García Beltrán, la familia Reed, los Campos Bestidelli, la familia Thompson (de Alemania), Castelli y Pizarro. Todos bajo el control del ingeniero Acuña.
Trabajan por turno, las tareas eran de día y de noche. Con martillos preparaban los tiros para perforar los cerros y era un repiqueteo sin fin. Al estar listos sonaban las sirenas de alarma indicando que se iniciarán los tiros, y luego las nubes rojizas de gran altura tenían el cielo de rojo y también caían piedras pequeñas. El estruendo era bélico y todo se sacudía, muebles, casas, provocando más de un susto a los desprevenidos, entre las que me incluyo, ya que en ese entonces era una beba en andador.
Según recuerda mi madre, también se quemaban los árboles del desmonte y parecía que estábamos en el mismo infierno. Desmonte e incendios que hacían huir a los animales del fuego y hasta llegaban a las casas las víboras, arañas y todo tipo de alimañas.
Estremecía el alma ver a las máquinas que parecían arañas adheridas a los cerros cuando preparaban el camino que hoy conocemos.
Era un trabajo muy duro, imaginense la zona. Si hoy, con toda la urbanización que hay, por ahí intentamos meternos en el monte lleno de garabatos y churquis y apenas podemos avanzar un par de metros, qué decir de aquellos años donde era prácticamente monte virgen.
Mi padre siempre me recordaba lo duro que era pelearle al monte arisco, en un ambiente muy pero muy caluroso y seco.
El saber la profundidad que tiene el dique y el hecho de haber pasado por el río, donde era el camino viejo, o sea el fondo mismo del dique, causa una sensación muy particular en el estómago. Es lisa y llanamente escalofriante.
En una de las fotos se observa el llamado por los obreros “Barrio Latino”, hoy cubierto por el agua, donde vivían otros amigos como el señor Tarusselli, el señor Picatty (jefe de obra), Urbani y también la familia Barrionuevo, que tuvo la desgracia de perder un hijo que cayó en el chorro de la boca del túnel; el señor Grumm, quien sufrió un terrible accidente al desbarrancarse la máquina que operaba en el puente del aliviadero. Era una labor riesgosa, sin dudas.
Estaba allí el Campamento de Panedile, con un supermercado de propiedad del señor Tivor; la sala de primeros auxilios con el doctor Martínez a cargo.
Ver trabajar a tanta gente auguraba la ejecución de una obra magnifica, pero verla terminada superó todo lo imaginable.

387 Salta

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