¿Sabías el origen de la bombacha de campo?

Bombacha de campo: de los soldados turcos a nuestros gauchos

Hacia 1853, una guerra europea dejó un excedente de uniformes. Al poco tiempo, esos pantalones llegaron a nuestro país y se convirtieron en la vestimenta típica de los gauchos. La bombacha de campo reemplazó al chiripá, de uso extendido entre los paisanos. La practicidad y comodidad de las bombachas, confeccionadas en gabardina de algodón, las vuelven apropiadas para trabajar debido a su gran resistencia. La prenda ha resistido el paso del tiempo y sigue vigente desde hace 160 años.

Los caprichos de la historia quisieron que los uniformes sobrantes de una lejana guerra se conviertan en un ícono de la moda argentina. Esta particular conversión tuvo su origen a mediados del siglo XIX, cuando los rifles con cañones estriados irrumpieron por primera vez en un conflicto bélico y fueron más certeros de lo imaginado. Éstos dejaron de escupir fuego antes de lo previsto, en la llamada Guerra de Crimea, que entre 1853 y 1856 enfrentó al Imperio ruso contra la alianza conformada por el Reino Unido, Francia, el Imperio Otomano y el Reino de Piamonte y Cerdeña.

Escudada en pretextos religiosos, los motivos de la llamada “primera guerra moderna” fueron geopolíticos y económicos. Los historiadores coinciden en que el Imperio ruso había puesto sus ojos en el mar Mediterráneo, al que no tenía acceso naval sin el permiso de los turcos. Pero a Francia y al Reino Unido no les sentó bien tal pretensión, dado que ambos países mantenían importantes intereses vinculados al dominio naval. Suspicaces de ese antojo y conocedores de la hegemonía marítima que el Imperio ruso había desarrollado, tanto en el Mar Báltico como en el Mar Negro, el resultado fue el desencadenamiento de la conflagración que arrojó un saldo de más de 450 mil bajas en el bando ruso; casi 200 mil caídos entre franceses y turcos y alrededor de 22 mil efectivos ingleses muertos.

Pero además, la Guerra de Crimea arrojó otro número que significó un gran cambio cultural en nuestras pampas: más de cien mil uniformes para los soldados turcos “sobraron” y se enviaron para comercializar al Río de La Plata. “La guerra termina antes de lo previsto y deja un importante excedente de uniformes que es exportado al mercado rioplatense. Pero, como eran demasiados, lo que sobró fue a parar a las pulperías de campaña, con la inmediata consecuencia de su adopción por parte del paisanaje”, explica a InfoUniversidades Roxana Lisa, diseñadora en Comunicación Visual.

El primer paso lo dio el presidente de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza, quien intercambió cien mil de estas prendas por productos de la Confederación. Una vez en suelo patrio, la babucha turca se convierte en la bombacha campestre: “El término ‘bombacha’ viene de babucha; quizás se fue deformando la palabra”, cuenta Ximena Elicabe, coordinadora de la carrera Diseño de Indumentaria y Textil. Y agrega: “Antes de la bombacha, el gaucho usaba el chiripá, que no es para nada confortable. En esa época, el gaucho era marginal, pero cuando empieza a ser más aceptado en la sociedad y se convierte, por ejemplo, en peón de campo, cambia la indumentaria y adopta la bombacha”.

Sin embargo, más allá de las implicancias sociales, la bombacha de campo tiene cualidades que la hacen única, encontrándose en ellas la causa de sus más de 160 años de vigencia. “En primer lugar, hay que remarcar su practicidad. Al paisanaje le resulta cómoda, tanto para usar con botas como para usar con alpargatas. Confeccionadas de gabardina de algodón, son muy resistentes e ideales para trabajar”, sostiene Elicabe.

Pero la bombacha saltó los alambres de las pampas y, paulatinamente, la sociedad toda la vistió como propia. Incluso las mujeres no quisieron quedarse afuera de las ventajas de estos pantalones y se acercaron a las pulperías exigiendo su talle. “En un principio, las mujeres utilizaban las mismas que los hombres, pero hoy en día se hacen cortes con pequeños detalles como pinzas o modificaciones en la cintura para que muestre más la figura de la mujer, sobre todo en la zona de la cintura y de la cadera”, plantea la docente.

Pasaron los años y las modas y, sin embargo, la bombacha de campo galopeó inalterable su curso, erigiéndose en un indiscutido ícono de nuestra moda y, seguramente, continuará cabalgando indiferente y a la par de las distintas tendencias que querrán vivir tantos años como ella.

Ana Sagastume
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Lionel Azpeitia
Dirección de Comunicación Institucional

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