Wichis. Entre el olvido y la frivolidad de todos

OPINIÓN Por Nacho Chesa
15113f_3e1b8a495d1145009b23539744624a67_mv2

No hace mucho, viendo algunas noticias en la computadora, encontré, en un recuadro muy pequeño una nota que ya casi se caía de la portada de una página y que tenía de protagonista a quien se encuentra en la foto que acompaña esta nota. Seguramente, en no más de un par de horas iba a quedar en el olvído tal noticia pensé, porque no es algo que para la gran mayoría despierte interés, como para mantenerla durante más tiempo. Y de hecho así pasó.

Mirálo bien, ¿no llama la atención no? Claro que no, pues comercialmente y para el consumismo amarillista de hoy en día no era algo que merezca un espacio principal en un medio de comunicación.

Pues bien, él es Fidel. El no tuvo la suerte de nacer en un contexto menos desfavorable para su crecimiento y desarrollo de vida, por lo tanto, se tuvo que acostumbrar, en el apogeo de su infancia a sobrevivir en ese triste espacio de ser un marginado social, político y cultural. Casi imperiosamente sin opciones y a la deriva de que determinaciones ajenas a tal lugar, puedan al menos menguar un poco tantas insolvencias mundanas para tener un futuro menos indigno. Y de hecho no fue así.

A nadie le importa si él andaba o no a la moda, sencillamente creo que a él nunca le importó vestir una camisa con un logo bordado en el pecho o unas zapas de esas súper acolchadas que presumen los changuitos de ahora. Él no tuvo el brazo todo tatuado ni el peinado a lo jugador de futbol, ni heredó plazos fijos en dólares, como para tener miles de seguidores que lo adulen por amor a sus pertenencias. Y dudo mucho que alguna vez Fidel haya jugado un “desafío challenger” por las redes o se haya jactado de pectorales marcados en alguna historia de Instagram. Y más aún, ni hablar de subir una foto con el mar de fondo o simplemente, de un elaborado plato de comida. Él no tuvo padres famosos ni con “contactos” y por ende, tampoco facilidades para conseguirlo casi todo sin mover un dedo. 

Lo cierto es que ni a los medios, ni a vos, ni a mí, nunca nos llamaría la atención porque jamás lo encontraron metido en un escándalo de drogas o en excesos con gente de la farándula. Ni tampoco fué un personaje que salió de un “reality”, o mucho menos de esos llamados “influencer” de cotillón que cada tanto aparecen por alguna moda y los aplauden por cualquier pavada. Encima, debido a una malformación ósea en el rostro no tenía la facha que marcan los estereotipos de turno. Y estoy convencido que Marley nunca hubiera elegido un changuito como él para pasearlo por el mundo, pues él, un niño wichi, no da rating.

¿Pero entonces como llega a ser noticia de un diario?

Fidel, de 14 años, que vivía en el extremo norte argentino, falleció de un paro cardiorrespiratorio causado por un grave cuadro de desnutrición y deshidratación. A sus 14 años pesaba nada más que 30 kilos. Si si, 30 kilos.

Pero a nosotros, como parte de esta sociedad frívola y marginadora en muchos casos, poco y nada nos interesó tal suceso. Más bien, nos preocupa más salvar a los koalas de Australia o si la hija de Tinelli se hizo un tatuaje nuevo. Es triste admitir que mientras algunos buscan un poco de pan para nutrir su cuerpo, otros alimentan su ego a base de un “me gusta” o con materialismos efímeros.
¿En que nos hemos convertido?

Marginado culturalmente por ser parte de alguna etnia aborigen con sus formas y costumbres diferentes. Pero también marginados, él y su gente, por quienes en sus cargos de políticos debieran, desde hace años, integrarlos y asistirlos en todo lo humanamente posible para garantizarles un acceso a sistemas de salud y/o condiciones de vida menos precarias. 

Olvidados y sin voz, casi en la banquina de la vida. Pero eso sí, con votos cuando se los necesita, cuál número para sumar al montón que dictamina cargos y el bienestar de algunos.  

Me pregunto, ¿Cuántos más como Fidel vienen muriendo desde hace años y no nos enteramos? ¿Cuántos que por intereses de algunos, "tal vez", para con sus tierras fueron relegados al desamparo mismo? Pero somos los que atestamos las redes sociales con imágenes cuando fallece un deportista famoso que ni siquiera seguimos o quienes repudiamos la matanza de ballenas del Mar de Japón. Pero Fidel no "vende", claro. 

¿Y sabés qué? En cierto modo, con nuestra indiferencia avalamos este silencioso exterminio que hace rato viene sucediendo en el norte del país. Y lo sabemos, pues ésto no es algo nuevo.  

Pero en fin. No sé cuántos habrán llorado a Fidel o si le habrán dejado algunas flores junto a su tumba, pero quise tomarme unos minutos para escribir esto y compartirlo para que al menos su vida no haya pasado desapercibida y nos demos cuenta de cuan frívolos nos estamos volviendo. 

Que en paz descanses changuito.

-Por Nacho Chesa

Te puede interesar